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sábado, enero 31, 2004
sueños de supermercado (II)
esta mañana, mientras el despertador intentaba captarme con sus tentáculos de vuelta al mundo de la vigilia, estuve de nuevo en el supermercado. Saliendo del piso donde vivo con mamá y las niñas hay unas escaleras. Las escaleras dan a un callejón concurrido. Saliendo del callejón hay una plazuela, y en un rellano de otras escaleras que trepan como enredaderas, hay otro supermercado. Es un zoco encajonado en una habitación mínima. Además de comprar apio y papel higiénico, allí hay gente con timbales, trileros y un extraño ritual de vudú. Entre el gentío siento que alguien mete la mano en mi mochila de el corte inglés. Me vuelvo y me encaro a un viejo de corta estatura. Le bloqueo el brazo con una hábil llave marcial. El viejo no es tan viejo, su cara me recuerda al vendedor de patitos. Me suplica perdón (temo que mi sueño se halla contaminado de escenas de 21 gramos). Me invade un arrebato de violencia, me siento poderoso. A trompicones lo saco de la tienda, sin poder explicarlo hablo su idioma, algo entre árabe y pictograma azteca. Quieres que te pegue, le digo, tú sabías a lo que te arriesgabas al entrometerte en lo ajeno. Comprendo que no lo merece, está asustado y no pretende defenderse, aunque es más corpulento que yo, y bueno, esto último no es ningún mérito. El estallido de amenazas deja paso a una conversación, sin hablar demasiado el mira dentro de mí y yo lo sé todo sobre él. Nuestras historias se entrelazan. Somos interrumpidos por gritos de dolor: desde la habitación de arriba la muchedumbre se hace a un lado para bajar en brazos a una niña. La escena es terriblemente parecida al descenso del crucificado. La bajan colgando, no recuerdo que la habitación estuviera tan alta, las escaleras se han esfumado. La niña no está ni viva ni muerta, tiene los ojos muy abiertos y las pupilas dilatadas, está como en trance. Se ha quedado atrapada en algún lugar que no conocemos. Era muy pequeña para estar allí, entre aquellas gentes. Cuando vuelvo a mirar el viejo ya no es él quien me mira, es una burda caricatura de mí mismo. Su mirada es dura y afilada. Grotesca, oscura, desfigurada, me increpa. Sarcásticamente se burla de mis emociones, las tacha de falsas. Me traspasa. Me dice que deje de fingir, que me quite la máscara. Que sólo me importo yo mismo, que sólo quiero sexo, comida y sueño. Recurro a Deleuze para conjurar a ese reflejo de la culpa. Desaparece, en nombre del Anti-Edipo. Logro deshacerme de él, pero estoy completamente extenuado cuando suena el teléfono y me despierta completamente.
jueves, enero 29, 2004
patito
estaba la otra noche por la alameda, en el bar del sofa (es un bar curioso en cuyos servicios se entablan amigables conversaciones insolitamente libres de hostilidad: saludamos a un desconocido interlocutor telefonico, nos sorprendimos de lo puntiagudo de los zapatos de tacon de una recien llegada, disertamos sobre los pictogramas de los aseos)...
justo antes de irme llego un señor de estos que van vendiendo flores de plastico (se que todos lo han experimentado alguna vez), exhibiendose con pendientes luminosos en un peregrinaje por entre antros etilicos... Dos pavas que estaban sentadas enfrente se encapricharon con un patito de plastico que llevaba el hombre colgado entre otros muchos abalorios. Por cuanto, tress euross, tres, tu estas loco (aqui un significativo gesto repipi con la mano), dos, uno y mucho es...
Y por un euro se quedo la chica el patito que hace cua-cua (cuacuacuacua, para ser precisos). Un euro.
Me quede pensando un rato. A ese patito le ha costado venir hasta aca desde la china remota que a mi me cuesta cada paseo en autobus desde la facultad al centro. Y seguro que tiene muchas mas historias que contar...
justo antes de irme llego un señor de estos que van vendiendo flores de plastico (se que todos lo han experimentado alguna vez), exhibiendose con pendientes luminosos en un peregrinaje por entre antros etilicos... Dos pavas que estaban sentadas enfrente se encapricharon con un patito de plastico que llevaba el hombre colgado entre otros muchos abalorios. Por cuanto, tress euross, tres, tu estas loco (aqui un significativo gesto repipi con la mano), dos, uno y mucho es...
Y por un euro se quedo la chica el patito que hace cua-cua (cuacuacuacua, para ser precisos). Un euro.
Me quede pensando un rato. A ese patito le ha costado venir hasta aca desde la china remota que a mi me cuesta cada paseo en autobus desde la facultad al centro. Y seguro que tiene muchas mas historias que contar...
miércoles, enero 28, 2004
consumismo onírico
anoche me quedé frito en el sofá viendo el concierto del payo malo. Algo de eso debía prever sin saberlo, pues me pertreché de una mantita antes de evadirme de este nuestro mundo terrenal. Cosa extraña, cuando desperté la tv estaba apagada y no recuerdo haberlo hecho. Soñé bastante. Estaba visitando un museo, y nos poníamos a darle vuelta a los cuadros. Alguien había dejado una nota para alguna de nosotras. Me encontraba a la directora del instituto, quedaba en ir a verla un dia de estos. Y de repente estamos viviendo en un bajo, somos unos cuantos viviendo en el piso. No tenemos dinero. En la puerta del ascensor hay un supermercado. Entro (es la segunda vez que me pasa en poco tiempo). El supermercado tiene salas de museo, cámaras de museo. Hasta tiene un plano como los museos (de arte, se entiende). Comienzo a mangarme cosas (es algo que no puedo hacer en la vida real), me lleno los bolsillos. Afano papel higiénico. Zumos, yogures, mucha fruta. En la sala del fondo esquivo las cámaras y me obsesiono con un envase ambiguo: son unas bolitas unidas por unos elásticos. No sé para que sirve. Son de nike. Me gustan, me gustan mucho. Al final llego a la conclusión de que son un tirachinas ultramoderno. Le quito la banda magnética y las guardo bajo la sudadera. Y así sigo un buen rato. Llego al piso y descubro mis tesoros. Poca comida, pero hasta conseguí una cámara digital.
...¿alguien me dice cómo se puede educar al subconsciente?
...¿alguien me dice cómo se puede educar al subconsciente?
destino
les cogí cariño a las habichuelas del otro día. a saber si una de ellas no era la semilla mágica que habría de llevarnos hasta el cielo (extraño lugar para ser habitado por un gigante malhumorado, dicho sea de paso). o una forma transustanciada del santo grial. Así que les seguí la pista.
Pero fue cruel con un pobre tomate, sin saberlo. Le enseñé ese cielo que yo buscaba. Podría él sentirse más fresco, jugoso y lozano que las viles leguminosas... pero su final será si cabe más vergonzoso y espeluznante, retorciéndose en un borboteo crepitante...
No pude encontrar a la disidente. Me las comí todas (en dos tandas, que desde que estoy solo en el piso esto es un desastre). Y que dios distinga...
Pero fue cruel con un pobre tomate, sin saberlo. Le enseñé ese cielo que yo buscaba. Podría él sentirse más fresco, jugoso y lozano que las viles leguminosas... pero su final será si cabe más vergonzoso y espeluznante, retorciéndose en un borboteo crepitante...
No pude encontrar a la disidente. Me las comí todas (en dos tandas, que desde que estoy solo en el piso esto es un desastre). Y que dios distinga...
detectives
debe ser lo de ver calamares por todas partes, pero... si abc sabe que rovira estuvo con los malos porque se lo han dicho las fuerzas secretas de seguridad... ¿por qué no los detuvieron cuando los pillaron?... Y por otra parte, a qué tanta histeria colectiva? cada vez tengo más la sensación de que todo es una gran comedia de bajo presupuesto. y por acá no pillamos nisiquiera un papelito. no nos dejaron ni asomarnos al escenario. y claro, el que sea se hizo un lio con el guion... todo pasa de un género a otro en cuestión de segundos...
martes, enero 27, 2004
jose quiere ser calamar gigante
Como esta tarde se acaba el mundo y todavía no quiero hacer las maletas; como nadie se toca y en breve nos saldrán arrugas en las caricias; como duermo poco porque sueño sólo cuando estoy despierto; como soy un silencio tartamudo que canta a coro la epilepsia de las horas y la asfixia universal nos hará bailar el tictac eterno; como nos dejamos todo el amor por hacer y por decir bajo un cielo volado por misiles y satélites; lloramos pues de alegría contra el pecho abierto de Dios hasta que su corazón se ahogue con nuestro llanto y del diluvio nazcan criaturas marinas que olviden para siempre qué demonios fue el apocalipsis, el petróleo, la televisión y el calvinismo. (encontrado en la oficina de objetos perdidos)
como esta mañana empezó el mundo y aún no empecé a deshacer la maleta; como se agrieta el ladrillo de cristal que nos separa y en breve nos saldrán hojas de los dedos; como la vigilia es corta porque vivo sólo cuando estoy dormido; como soy un parloteo incesante que se esfuerza por ocultar el silencio opresivo de las clepsidras y la bocanada subterránea tiende a la sombra los relojes de sol; como siempre espero que se resquebraje mi cara de cemento al instante siguiente que nunca llega porque siempre es el anterior a que te vayas y piense que sea la próxima vez, lloraré entonces de rabia contra los ojos cerrados de Dios hasta que los párpados se le revienten de mordiscos y del goteo sangrante crezcan los océanos hasta que olvidemos las antenas, las cuadrículas, los trenes y las chimeneas
como esta mañana empezó el mundo y aún no empecé a deshacer la maleta; como se agrieta el ladrillo de cristal que nos separa y en breve nos saldrán hojas de los dedos; como la vigilia es corta porque vivo sólo cuando estoy dormido; como soy un parloteo incesante que se esfuerza por ocultar el silencio opresivo de las clepsidras y la bocanada subterránea tiende a la sombra los relojes de sol; como siempre espero que se resquebraje mi cara de cemento al instante siguiente que nunca llega porque siempre es el anterior a que te vayas y piense que sea la próxima vez, lloraré entonces de rabia contra los ojos cerrados de Dios hasta que los párpados se le revienten de mordiscos y del goteo sangrante crezcan los océanos hasta que olvidemos las antenas, las cuadrículas, los trenes y las chimeneas
sábado, enero 24, 2004
gregarismo
hoy me encontré la siguiente escena en la cocina:
¿no podía mezclarse entre las demás?
¿la condenaron al exilio periférico? ¿por qué no se fue a la derecha?
creo que tengo las neuronas agarbanzadas. cuídense, y vigilen sus legumbres. no se les vayan a multiplicar las disidencias...
¿no podía mezclarse entre las demás?
¿la condenaron al exilio periférico? ¿por qué no se fue a la derecha?
creo que tengo las neuronas agarbanzadas. cuídense, y vigilen sus legumbres. no se les vayan a multiplicar las disidencias...
jueves, enero 22, 2004
200 adoradores del calamar
El Círculo de Empresarios ha propuesto hoy al nuevo Gobierno que salga de las elecciones del 14 de marzo que acabe con la gratuidad de la educación y la sanidad. El presidente de la organización, Manuel Azpilicueta, ha solicitado que sólo se mantenga el coste cero de estos servicios para los que lo necesitan porque su nivel de renta no les permite pagarlos.
Azpilicueta ha presentado esta mañana el documento titulado Ante las elecciones generales, una "Carta abierta a los futuros legisladores y gobernantes" en la que se recogen sus propuestas para la próxima legislatura. El Círculo de Empresarios está integrado por cerca de 200 socios cuyas compañías facturan cerca de 140.000 millones de euros anuales.
Azpilicueta ha presentado esta mañana el documento titulado Ante las elecciones generales, una "Carta abierta a los futuros legisladores y gobernantes" en la que se recogen sus propuestas para la próxima legislatura. El Círculo de Empresarios está integrado por cerca de 200 socios cuyas compañías facturan cerca de 140.000 millones de euros anuales.
all you need is love...
los ciervos son bonitos. la mamá de bambi no murió: sólo le dispararon dardos tranquilizantes y se la llevaron a un zoológico para que hiciera las delicias de grandes y pequeños. es un crimen matar animales, sufrimiento innecesario bla bla bla. Sanguinarios cazadores (sin embargo las hamburguesas provienen de una proteina unicelular que viene directamente de fábrica, lo sé de buena tinta, pollos sin pico ni plumas, vacas esféricas que jamás vieron la luz del sol). Crueldad innecesaria, lo politically correct es salir al campo y disparar con tu teleobjetivo, dedicarse a buscar pajaritos catalejo en mano. ¿Qué es la naturaleza? La conservación entra en la política de las rentabilidades mercantiles, no queda ningún reducto virgen hoy en día. Quedan islas dejadas de lado por explotaciones demasiado perezonas. No nos engañemos: un parque natural no está fuera de las ciudades, sino dentro de la gran urbe extendida, de la maraña fragmentadora que comunica dos puntos cualquiera de la red. Un parque natural es necesario para que los que puedan huir huyan, para mantener la ilusión de verse bajo el firmamento. Pero sabes que siempre acabarás volviendo. Trágicamente esto es hoy un lujo, otra forma de parque temático, un tivoli world sofisticadísimo. Sólo es rentable por el turismo de calidad: ahí no se puede seguir viviendo de la tierra, es un espacio sostenido de forma artificial. Un gigantesco acuario terrestre. Nadie quiere vivir en el campo, la urbe nos llama con sus reclamos, con la amenaza de la soledad y el aislamiento. Nisiquiera las ovejas son rentables ya por debajo de cierto número... ¿qué hacemos con la lana?... Ciudades fantasma, cementerios que se caen a pedazos mientras siguen testimoniando que ahí hubo alguien... Y ahora en la ciudad todos juntos no podemos cazar, no cabe probar la carne, la verdadera carne. Hay cosas más importantes. Hay que comprarse una lavadora, un coche, beba cocacola... La vida en la ciudad es mucho más cómoda, ¿verdad? y una vez acá ya no hay tu tía, hemos sido atrapados, todos los tentáculos del progreso nos seducen , nos crecen en la cabeza ramificándose... y el único verdadero adicto es el heroinómano. Nosotros podemos cortar con nuestras dependencias, claro que sí...
Era un comerciante de píldoras perfeccionadas que quitan la sed. Se toma una por semana y ya no se sienten ganas de beber.
-¿Por qué vendes eso? -preguntó el principito.
-Porque con esto se economiza mucho tiempo. Según el cálculo hecho por los expertos, se ahorran cincuenta y tres minutos por semana.
-¿Y qué se hace con esos cincuenta y tres minutos?
-Lo que cada uno quiere...
"Si yo dispusiera de cincuenta y tres minutos -pensó el principito- caminaría suavemente hacia una fuente..."
Era un comerciante de píldoras perfeccionadas que quitan la sed. Se toma una por semana y ya no se sienten ganas de beber.
-¿Por qué vendes eso? -preguntó el principito.
-Porque con esto se economiza mucho tiempo. Según el cálculo hecho por los expertos, se ahorran cincuenta y tres minutos por semana.
-¿Y qué se hace con esos cincuenta y tres minutos?
-Lo que cada uno quiere...
"Si yo dispusiera de cincuenta y tres minutos -pensó el principito- caminaría suavemente hacia una fuente..."
martes, enero 20, 2004
el ataque del calamar gigante
safety for all, or safety for no one
estoy enamorado de este poster. me lo encontré en un escaloncito en amsterdam, dias despues del 11S. Y pasé un mal rato en el aeropuerto, pues una policía (con mala leche, si, pero paciente) decia que tenia unas scissors en mi bolsa de mano (y yo sudando por ciertas cosas que llevaba dentro). Y yo que no, y ella que si, y yo que no otra vez. Al final me acordé de que llevaba el kit completo de disección en un estuchito (claro, era el macuto de clase, llevaba ahí todo el verano y yo sin darme cuenta)...
A justiça é para a bondade como a castidade para a timidez sexual
plantean en DialBit la cuestión de si merece la pena ser justo...
Esta mañana me contaron en el césped tres cosas muy curiosas. El chungo dijo que hace ya tiempo se le acercó un coche para preguntarle por la dirección de una calle. Cuando se fue a acercar, dentro sonó una explosión y algo le mordió la mano. Le habían disparado. La herida se le hinchó, y seis meses después, los dedos agarbanzados en la piscina, se vio brillar algo de metal, así que fue al médico a que le sacaran el proyectil. Gabri venía con dolor en el hígado (aproximadamente), y nos contó que iba por ahí tan panchamente, pensando en sus cosas, cuando algo le tumbó. Era una naranja. Y un tío no paraba de descojonarse con su colega, subidos en sendas motos. La tercera fue una chica, que contó algo parecido: alguien se le acercó por la calle, le propinó una patada en la espinilla, y se largó sin decir ahí te quedas.
No podía evitar la sensación de vernos como bichos raros, en vez de verlos a los otros como una panda de vándalos y sádicos (estábamos hablando del señor gordito que da dinero para proyectos de cooperación al desarrollo en sudamérica, que mueve los papeles para coordinar el voluntariado, y del otro señor gordito que pone oleoductos para hacer que el engranaje se mueva. Llegamos a la conclusión cuasi inevitable de que ambos son el mismo señor gordito con dos caras, tentáculos inseparables del mismo ser que hace que el intrincado laberinto civilizado funcione correctamente, lavando y reciclando nuestras conciencias individuales). Claro, queríamos irnos a sudamérica a buscar la justicia social, como buenos pequeñoburgueses acomodados que piensan que los asentamientos chabolistas de aquí al lado nos pillan demasiado cerca, son demasiado cutres; las mentes de nuestros conciudadanos españolitos están demasiado manipuladas para cualquier tentativa de cambio social...
Somos pacifistas, nos repugna la violencia (de los individuos, del poder). Es fácil mantener nuestra posición desde la atalaya de la seguridad, del mundo-donde-nunca-pasa-nada. Y siempre podemos cambiar de canal.
¿Sobreviviríamos ahí fuera con nuestros preceptos morales? Es como fumar hachís al tiempo que hablamos de lo injusto de las leyes de extranjería, de los pobres inmigrantes que mueren en pateras porque no pueden comer en su tierra. La palabra justicia nos corrompe, nos ciega. Creemos que existe en el cielo platónico. Apelamos a ella, presuponemos que existe. Todos guardamos un pequeño Salomón...
Dice lector en alguna parte de las citas de sus crónicas lectoras que los conspiranoicos vemos al calamar en todas partes porque necesitamos un sustituto de dios. Mientras exista ese poder maquiavélico no encontraremos la justicia.
Pero la justicia está en otra parte. En las múltiples bifurcaciones a las que nos enfrentamos. O no ahí, sino en los argumentos posteriores con los que intentamos justificarnos. Discutí con un amigo religioso por qué seguimos buscándola, por qué según la teoría de juegos no somos cada vez más salvajes, más injustos... algo de razón debía de llevar hume con lo del emotivismo moral, dividimos la justicia en grados como las capas de una cebolla... y uno se siente bien en el intento de coherencia (aunque solo de a ratos).
En fin. Pessoa dijo que "A justiça é para a bondade como a castidade para a timidez sexual". Y a mi todavia me trae pensativo...
Esta mañana me contaron en el césped tres cosas muy curiosas. El chungo dijo que hace ya tiempo se le acercó un coche para preguntarle por la dirección de una calle. Cuando se fue a acercar, dentro sonó una explosión y algo le mordió la mano. Le habían disparado. La herida se le hinchó, y seis meses después, los dedos agarbanzados en la piscina, se vio brillar algo de metal, así que fue al médico a que le sacaran el proyectil. Gabri venía con dolor en el hígado (aproximadamente), y nos contó que iba por ahí tan panchamente, pensando en sus cosas, cuando algo le tumbó. Era una naranja. Y un tío no paraba de descojonarse con su colega, subidos en sendas motos. La tercera fue una chica, que contó algo parecido: alguien se le acercó por la calle, le propinó una patada en la espinilla, y se largó sin decir ahí te quedas.
No podía evitar la sensación de vernos como bichos raros, en vez de verlos a los otros como una panda de vándalos y sádicos (estábamos hablando del señor gordito que da dinero para proyectos de cooperación al desarrollo en sudamérica, que mueve los papeles para coordinar el voluntariado, y del otro señor gordito que pone oleoductos para hacer que el engranaje se mueva. Llegamos a la conclusión cuasi inevitable de que ambos son el mismo señor gordito con dos caras, tentáculos inseparables del mismo ser que hace que el intrincado laberinto civilizado funcione correctamente, lavando y reciclando nuestras conciencias individuales). Claro, queríamos irnos a sudamérica a buscar la justicia social, como buenos pequeñoburgueses acomodados que piensan que los asentamientos chabolistas de aquí al lado nos pillan demasiado cerca, son demasiado cutres; las mentes de nuestros conciudadanos españolitos están demasiado manipuladas para cualquier tentativa de cambio social...
Somos pacifistas, nos repugna la violencia (de los individuos, del poder). Es fácil mantener nuestra posición desde la atalaya de la seguridad, del mundo-donde-nunca-pasa-nada. Y siempre podemos cambiar de canal.
¿Sobreviviríamos ahí fuera con nuestros preceptos morales? Es como fumar hachís al tiempo que hablamos de lo injusto de las leyes de extranjería, de los pobres inmigrantes que mueren en pateras porque no pueden comer en su tierra. La palabra justicia nos corrompe, nos ciega. Creemos que existe en el cielo platónico. Apelamos a ella, presuponemos que existe. Todos guardamos un pequeño Salomón...
Dice lector en alguna parte de las citas de sus crónicas lectoras que los conspiranoicos vemos al calamar en todas partes porque necesitamos un sustituto de dios. Mientras exista ese poder maquiavélico no encontraremos la justicia.
Pero la justicia está en otra parte. En las múltiples bifurcaciones a las que nos enfrentamos. O no ahí, sino en los argumentos posteriores con los que intentamos justificarnos. Discutí con un amigo religioso por qué seguimos buscándola, por qué según la teoría de juegos no somos cada vez más salvajes, más injustos... algo de razón debía de llevar hume con lo del emotivismo moral, dividimos la justicia en grados como las capas de una cebolla... y uno se siente bien en el intento de coherencia (aunque solo de a ratos).
En fin. Pessoa dijo que "A justiça é para a bondade como a castidade para a timidez sexual". Y a mi todavia me trae pensativo...
Pulpos, hongos, humanoides...
Lean este cuento. Confirma que Juan José Millás es un hombre sabio
Llaman del periódico diciendo que no me tome al pie de la letra lo de hablar de la realidad. Me salen unas últimas páginas tan tristes que parecen la primera.
-Cuando queramos que la última página sea la primera, ya nos encargaremos nosotros de darle la vuelta al periódico. Tú, a lo tuyo.
Tomo nota de la llamada de atención y voy con los ojos muy abiertos para detectar cualquier movimiento irreal. Pero está todo lleno de realidad, de cascotes. Nunca los telediarios ni los pulpos fueron tan reales. Da miedo. Por la noche, en lugar de cruzarme por el pasillo con los espíritus habituales, me cruzo con gente verdadera en camiseta de tirantes. No recuerdo un verano tan real desde aquel otro de mi juventud en el que los americanos, huyendo también de su realidad, pisaron la Luna. Vi el alunizaje en un bar, tomándome un bocadillo de calamares, y no me pareció tan increíble que llegaran a la Luna, porque yo entonces intentaba llegar a fin de mes y me hacía cargo de las dificultades.
(...)sin dejar de leer que el 34% de los estadounidenses sospechan que ya hemos sido visitados por extraterrestres. Más aún: acaban de descubrir en Oregón (¿dónde, si no?) un hongo del tamaño de 900 campos de fútbol. El titular dice que se trata de un hongo gigante por si no nos diéramos cuenta por nuestros propios medios. Si Carl Sagan levantara la cabeza y viera el retrato robot del hombre de la furgoneta, diría que se trata de un extraterrestre, y que soy yo. O que es un hongo, y que soy yo. O un humanoide extremeño, y que soy yo. Me pongo, pues, pese al calor, una bufanda para tapar el bulto de la nuca y salgo a comprar un pulpo que llevo a todas partes de la mano, o del tentáculo, para desviar la atención de la gente hacia el animal y que no me miren a la cara. Ni a la nuca. Y que les distraiga en lo posible de la carga de realidad o de amonal de la primera página. Acompaño en el sentimiento a todo el mundo y quede claro que no soy el del retrato robot. Ni el humanoide. Ni, por supuesto, el pulpo.
El cuento completo aquí.
Llaman del periódico diciendo que no me tome al pie de la letra lo de hablar de la realidad. Me salen unas últimas páginas tan tristes que parecen la primera.
-Cuando queramos que la última página sea la primera, ya nos encargaremos nosotros de darle la vuelta al periódico. Tú, a lo tuyo.
Tomo nota de la llamada de atención y voy con los ojos muy abiertos para detectar cualquier movimiento irreal. Pero está todo lleno de realidad, de cascotes. Nunca los telediarios ni los pulpos fueron tan reales. Da miedo. Por la noche, en lugar de cruzarme por el pasillo con los espíritus habituales, me cruzo con gente verdadera en camiseta de tirantes. No recuerdo un verano tan real desde aquel otro de mi juventud en el que los americanos, huyendo también de su realidad, pisaron la Luna. Vi el alunizaje en un bar, tomándome un bocadillo de calamares, y no me pareció tan increíble que llegaran a la Luna, porque yo entonces intentaba llegar a fin de mes y me hacía cargo de las dificultades.
(...)sin dejar de leer que el 34% de los estadounidenses sospechan que ya hemos sido visitados por extraterrestres. Más aún: acaban de descubrir en Oregón (¿dónde, si no?) un hongo del tamaño de 900 campos de fútbol. El titular dice que se trata de un hongo gigante por si no nos diéramos cuenta por nuestros propios medios. Si Carl Sagan levantara la cabeza y viera el retrato robot del hombre de la furgoneta, diría que se trata de un extraterrestre, y que soy yo. O que es un hongo, y que soy yo. O un humanoide extremeño, y que soy yo. Me pongo, pues, pese al calor, una bufanda para tapar el bulto de la nuca y salgo a comprar un pulpo que llevo a todas partes de la mano, o del tentáculo, para desviar la atención de la gente hacia el animal y que no me miren a la cara. Ni a la nuca. Y que les distraiga en lo posible de la carga de realidad o de amonal de la primera página. Acompaño en el sentimiento a todo el mundo y quede claro que no soy el del retrato robot. Ni el humanoide. Ni, por supuesto, el pulpo.
El cuento completo aquí.
domingo, enero 18, 2004
intelectualidad y espiritualidad
hay algo que nos hemos incorporado y hecho nuestro, y mucho que nos es extraño por completo; y entre ambos términos extremos, todo lo que es en parte nuestro y en parte no lo es. Nuestra vida es un continuado combate entre nuestro espíritu, que quiere adueñarse del calamar, hacerle suyo, hacerle él, y el calamar, que quiere apoderarse de nuestro espíritu y hacerle a su vez suyo. Yo -piensa nuestro hombre- quiero hacer al calamar mío, hacerle yo, y el calamar trata de hacerme suyo, de hacerme él; yo lucho. Y en este trágico combate, porque sí, el tal combate es trágico, tengo que valerme de mi enemigo para domeñarle, y mi enemigo tiene que valerse de mí para domeñarme. Cuanto digo, escribo y hago, por medio de él tengo que decirlo, escribirlo y hacerlo; y así al punto me lo despersonaliza y lo hace suyo, y aparezco yo otro que no soy.
¡Miserable menester el de escribir! ¡Lastimoso apremio el de tener que hablar! Entre dos que hablan, media el lenguaje, media el calamar, media lo que no es ni uno ni otro de los interlocutores, y ese intruso los envuelve, y a la vez que los comunica los separa. ¡Si fuera posible ir creando el lenguaje a medida que se habla lo pensado!
Miguel de Unamuno: Viejos y Jóvenes.
y si el calamar me vigila... por qué no puedo dejar de vigilarle yo a él?
mmm algún día tendré que plantearme en serio renunciar a algunas de mis adicciones. pero son tan confortables...
¡Miserable menester el de escribir! ¡Lastimoso apremio el de tener que hablar! Entre dos que hablan, media el lenguaje, media el calamar, media lo que no es ni uno ni otro de los interlocutores, y ese intruso los envuelve, y a la vez que los comunica los separa. ¡Si fuera posible ir creando el lenguaje a medida que se habla lo pensado!
Miguel de Unamuno: Viejos y Jóvenes.
jueves, enero 15, 2004
adicciones
y si el calamar me vigila... por qué no puedo dejar de vigilarle yo a él?
mmm algún día tendré que plantearme en serio renunciar a algunas de mis adicciones. pero son tan confortables...
en blanco
un dia todos los habitantes de la ciudad despertaron con la mente en blanco. no se acordaban de nada, no sentian absolutamente nada, no sabian qué debían hacer a continuación. no recordaban sus sueños ni sus pesadillas, no se acordaban de la risa ni del llanto ni del pánico que habían sentido sólo un poco antes. incluso ese antes era un concepto blanco flotando en el océano calmo de su ausencia de pensamientos. ya no más altibajos. si acaso alguna vaga sensación como de cicatriz agitándose rítmicamente sin apenas turbulencias, denunciando el vaciado catastrófico.
sin embargo, todo siguió funcionando como antes. o mejor, si cabe.
sin embargo, todo siguió funcionando como antes. o mejor, si cabe.
las cinco del viernes
1) En este mismo instante me encantaría no tener nada y ser algo.
2) De pequeño/a mi madre siempre me decía que me limpiara las uñas.
3) Cada vez que me miro en el espejo pienso que soy otro desde la ultima vez.
4) Quién habría imaginado que hoy todo seria como es, y nosotros sin sorprendernos.
5) La gente suele decirme que me parezco mucho al virus de erase una vez la vida. o a joker.
2) De pequeño/a mi madre siempre me decía que me limpiara las uñas.
3) Cada vez que me miro en el espejo pienso que soy otro desde la ultima vez.
4) Quién habría imaginado que hoy todo seria como es, y nosotros sin sorprendernos.
5) La gente suele decirme que me parezco mucho al virus de erase una vez la vida. o a joker.
miércoles, enero 14, 2004
the tunnel people
atrévete a viajar por los agujeros de la realidad. increíble descenso al oscuro mundo subterráneo.
the tunnel people proyect
the tunnel people proyect
martes, enero 13, 2004
secuencias de progreso
SECUENCIA DE PROGRESO DEL CALAMAR T-11220: Uso de objetos naturales. T-17190: Fabricación de utensilios simples. T-43920: Obtención de energía y aplicaciones de las reacciones químicas simples (Fuego). T-142570: Concepto de Civilización. T-191160: Invención del lenguaje. T-512660: Invención de la escritura. T-11254680: Viajes Espaciales. VIABLE
SECUENCIA DE PROGRESO DE LA RATA COMUN T-960: Uso de objetos naturales. T-1310: Fabricación de utensilios simples. T-1780: Obtención de energía y aplicaciones de las reacciones químicas simples (Fuego). T-3860: Concepto de Civilización. T-4410: Invención del lenguaje. T-12850: Invención de la escritura. T-753060: Viajes Espaciales. VIABLE
Es curioso como la perspectiva de las cosas siempre se presenta desde esquemas preconcebidos que ni imaginamos cuestionar, hasta que un día nos percatamos de que no tienen fundamento. Desde mis recuerdos más antiguos, la totalidad de mi existencia se ha desarrollado en esta sala del laboratorio, Esto es un hecho. Admito que mi peculiar estado puede, al haberse prolongado tanto, originado un desequilibrio paranoide de mi mente, pero creo que tengo fundamentos totalmente científicos para hacermelas siguientes reflexiones:
SECUENCIA DE PROGRESO DE LA RATA COMUN T-960: Uso de objetos naturales. T-1310: Fabricación de utensilios simples. T-1780: Obtención de energía y aplicaciones de las reacciones químicas simples (Fuego). T-3860: Concepto de Civilización. T-4410: Invención del lenguaje. T-12850: Invención de la escritura. T-753060: Viajes Espaciales. VIABLE
Es curioso como la perspectiva de las cosas siempre se presenta desde esquemas preconcebidos que ni imaginamos cuestionar, hasta que un día nos percatamos de que no tienen fundamento. Desde mis recuerdos más antiguos, la totalidad de mi existencia se ha desarrollado en esta sala del laboratorio, Esto es un hecho. Admito que mi peculiar estado puede, al haberse prolongado tanto, originado un desequilibrio paranoide de mi mente, pero creo que tengo fundamentos totalmente científicos para hacermelas siguientes reflexiones:
la constelación calamar
Un calamar se ilumina en el cielo oscuro atando constelaciones lejanas.
¡Virgilio o mescalito, qué más da!
Ambos son arcángeles en sus respectivas civilizaciones. Lean a Javier Manzanera, embajador de ángeles.
(sacado de aquí)
¡Virgilio o mescalito, qué más da!
Ambos son arcángeles en sus respectivas civilizaciones. Lean a Javier Manzanera, embajador de ángeles.
(sacado de aquí)
Adán Lara ama a Amanda Carla Mazza (drama)
por Carlos Alberto Nacher
(Nota del editor: con este complejo ejercicio lingüístico y
narrativo, el escritor argentino Carlos Alberto Nacher obtuvo, en
1999, el primer premio del I Concurso Nacional de Cuentos Cortos,
organizado en La Plata, Buenos Aires, por La Plata Publicidad).
Adán Lara: barrabrava, patalana, malandra, la cara marcada, asaltaba, afanaba casas, transaba chala.
Amanda Carla Mazza: flaca, alta, afamada bataclana barata, la tana trabajaba para las madamas.
Adán arma la caña, carga carnada, va al mar. Canta payadas raras, baladas abstractas.
Lanza la caña, saca rayas, caballas a carradas, carpas a paladas. Acampan. A las brasas, lastran bayas, calamar al ananá, papayas, alcaparras saladas, mazapán, bananas, paltas, flan. Para bajar la panzada, sacan las tapas a las latas (marca Brahma, Fanta Naranja), sacan tazas para la casatta.
Charlan macanas, pavadas, charadas (¿habrá tantas chabacanadas para hablar?).
A la gata Cata dan las rabas anaranjadas pasadas.
Mas allá, La Rambla, las barcas atracan, las balsas amarran, las barcazas varan, las jangadas, las chalanas, las fragatas anclan. Hasta kayaks, hasta la Armada Naval va para la rada (mañana la van a dragar): habrá bajamar.
Para apagar las llamas, Adán agarra la pala, cava, saca grava para tapar las brasas.
La caja pava, la pantalla, atrapa a Adán.
revelador. y escalofriante, la conspiración de aes en el lado oscuro de bookcrossing (cal+a(j)ma+(r-th) )
(Nota del editor: con este complejo ejercicio lingüístico y
narrativo, el escritor argentino Carlos Alberto Nacher obtuvo, en
1999, el primer premio del I Concurso Nacional de Cuentos Cortos,
organizado en La Plata, Buenos Aires, por La Plata Publicidad).
Adán Lara: barrabrava, patalana, malandra, la cara marcada, asaltaba, afanaba casas, transaba chala.
Amanda Carla Mazza: flaca, alta, afamada bataclana barata, la tana trabajaba para las madamas.
Adán arma la caña, carga carnada, va al mar. Canta payadas raras, baladas abstractas.
Lanza la caña, saca rayas, caballas a carradas, carpas a paladas. Acampan. A las brasas, lastran bayas, calamar al ananá, papayas, alcaparras saladas, mazapán, bananas, paltas, flan. Para bajar la panzada, sacan las tapas a las latas (marca Brahma, Fanta Naranja), sacan tazas para la casatta.
Charlan macanas, pavadas, charadas (¿habrá tantas chabacanadas para hablar?).
A la gata Cata dan las rabas anaranjadas pasadas.
Mas allá, La Rambla, las barcas atracan, las balsas amarran, las barcazas varan, las jangadas, las chalanas, las fragatas anclan. Hasta kayaks, hasta la Armada Naval va para la rada (mañana la van a dragar): habrá bajamar.
Para apagar las llamas, Adán agarra la pala, cava, saca grava para tapar las brasas.
La caja pava, la pantalla, atrapa a Adán.
revelador. y escalofriante, la conspiración de aes en el lado oscuro de bookcrossing (cal+a(j)ma+(r-th) )
domingo, enero 11, 2004
pan y aventura espacial
la belleza del espacio, la ausencia de gravedad... todos hemos querido ser astronautas. Al margen de si estuvimos o no en la luna (personalmente casi todas las noches), el informe semanal que me acompañaba de fondo me dejó un amargo sabor de boca. ¿Por qué parece corroernos tanto las entrañas si hay vida o no en marte? ¿Cambiaría en mucho nuestra vida si no nos sintiéramos tan solos en el universo? ¿Se instauraría la paz mundial, y todos nos abrazaríamos fraternalmente?... Es absurdo buscar indicios de vida ahí arriba siguiendo una especie de angustia metafísica, cuando aquí abajo la perdemos a marchas forzadas. Creo que esa fascinación es una nueva mutación de la superestructura... el equivalente (superado) de las pirámides, de las catedrales. Uno de los símbolos (y de elementos de control) de la New Religion. Embelesa a la vez que entretiene. Mucho mejor que el circo... Tal vez algo demodée, ya sin rusos con los que competir a ritmo de ostentación. Acabó el temor. Un Único y Libre mercado, competencia despiadada y amigable por el acceso al control cerebral. Somos infinitos, no hay que preocuparse. Hay mucho territorio que conquistar: no en la superficie, sino en el interior. El núcleo está en sus cabezas (y en las mías). Aléngrense, estamos llegando a marte (y otros sin darse cuenta de que el estado policial es un atraso, viene más a cuenta invertir en publicistas, en relaciones públicas). Lo que no dicen es que nuestro subconsciente está plenamente explorado. No hay resistencia posible. Hace mucho tiempo que fuimos invadidos por colonos virtuales...
No se resistan. Contemplen marte. Sueñen con él.
tienen un plan. huir a marte en sus naves espaciales, cuando esto se convierta en el supremo vertedero. los que controlan creen que tienen el control de la situación. creen que marcan los tiempos, las fases y los objetivos.
tampoco ellos conocen la verdad. toda la historia hasta entonces no es la historia de su éxito. porque tal vez la inteligencia resida bajo los océanos, comunicándose mentalmente con nosotros. somos sus marionetas, los peones que extenderán su imperio más allá de las estrellas.
PS: haciéndole caso a un amigo (el mismo que me recomienda acudir a un psicólogo), acepto que el espacio ya no es the ultimate frontier. pero la mente dispersa del profundo, del tentaculoso, ya anida muy hondo en la red. jamás será erradicada. es otro más de los canales por los que penetra...
No se resistan. Contemplen marte. Sueñen con él.
tienen un plan. huir a marte en sus naves espaciales, cuando esto se convierta en el supremo vertedero. los que controlan creen que tienen el control de la situación. creen que marcan los tiempos, las fases y los objetivos.
tampoco ellos conocen la verdad. toda la historia hasta entonces no es la historia de su éxito. porque tal vez la inteligencia resida bajo los océanos, comunicándose mentalmente con nosotros. somos sus marionetas, los peones que extenderán su imperio más allá de las estrellas.
PS: haciéndole caso a un amigo (el mismo que me recomienda acudir a un psicólogo), acepto que el espacio ya no es the ultimate frontier. pero la mente dispersa del profundo, del tentaculoso, ya anida muy hondo en la red. jamás será erradicada. es otro más de los canales por los que penetra...
viernes, enero 09, 2004
meditación en forma de consejo (o viceversa)
ante todo, finjan que siguen siendo los mismos.
lapsus
no sé si les habrá pasado alguna vez, supongo que sí, que a pesar de que ustedes sean humanos algo de esto debe de existir allá en su superficie devastada... la otra tarde me quedé ensimismado y me confundí con una mente joven, de vuelta a la rutina tras unos días extraños de culto al sueño, la comida, la bebida y otras sustancias psicoactivas. Allá arriba era viernes, y todo parecía ir bien. El mismo edificio, la misma gente, la misma (¿la misma?) luz... y de repente todo se puso patas arriba. Las caras resultaban desconocidas, los timbres de voz sonaban como por primera vez. La sensación resultaba bastante incómoda. Era como alguien se lo estuviese contando a otra persona, que intentara imaginar cómo sería su vida mucho tiempo después. No conocía a nadie. La suavidad, la confortable sensación que concede la pátina de la costumbre, se desvaneció durante unos instantes. Aquella habitación resultaba incómoda, un atisbo de miedo asomó al borde de la consciencia... ¿qué estaba haciendo allí? ¿quiénes eran los que me rodeaban?... afortunadamente no se prologó por mucho tiempo, poco a poco todo fue retomando su blandura habitual... pero me estremezco sólo al recordarlo... Las caras, los ángulos pueden resultar afilados... y no sólo eso, incluso sus propias extremidades, sus torpes movimientos, pueden resultarles extravagantes, como trasplantados...
tengan cuidado. no se desacostumbren. no se vean, nunca, nunca, desde fuera. pueden sentirse perdidos. agárrense a la mansedad, a la rutina, a la degradación continuada que nos hace vivir tan tranquilos sin salir corriendo a la calle presas de un ataque de pánico. y si les dura más de lo deseable, disimulen. no les vayan a reconocer.
tengan cuidado. no se desacostumbren. no se vean, nunca, nunca, desde fuera. pueden sentirse perdidos. agárrense a la mansedad, a la rutina, a la degradación continuada que nos hace vivir tan tranquilos sin salir corriendo a la calle presas de un ataque de pánico. y si les dura más de lo deseable, disimulen. no les vayan a reconocer.
jueves, enero 08, 2004
Dialéctica suscinta de un sabio calamar:
Seamos impasibles, sublimes y profundos
como el fondo del mar,
si no por altivez, por desencanto
imitemos el gesto del océano
monótono y salobre...
Es lo mismo que un astro se derrumbe,
o que muera un gusano.
Seamos impasibles como el fondo del mar.
(aquí el poemario de Renato Leduc 1898-1986 )
como el fondo del mar,
si no por altivez, por desencanto
imitemos el gesto del océano
monótono y salobre...
Es lo mismo que un astro se derrumbe,
o que muera un gusano.
Seamos impasibles como el fondo del mar.
(aquí el poemario de Renato Leduc 1898-1986 )
miércoles, enero 07, 2004
OPUS DEI: los tentáculos del CSIC
Ni la universidad, ni la ciencia, ni la cultura figuraban entre los propósitos inconfesados de los intelectuales que formaron el primer núcleo de socios del Opus Dei. Los tentáculos se extendieron pronto desde Madrid a las ciudades universitarias de provincias y con especial predilección hacia Sevilla y Barcelona.
el resto del artículo aquí
el resto del artículo aquí
The Blogalization Conspiracy - ProjectCluetrainAndEmpire
The guiding questions of this investigation are: Does the CultureIndustry exist? Has it assumed new forms in an emerging NetworkEconomy?? (enlace a la página aquí)
La frase: "... we benefit from the the Web's ability to evolve new forms so rapidly that if real-world evolution worked as fast, we could move from grapefruit to squid in a couple of months ...."
...sería interesante ver una uva mutar rápidamente en calamar, ¿no creen?
La frase: "... we benefit from the the Web's ability to evolve new forms so rapidly that if real-world evolution worked as fast, we could move from grapefruit to squid in a couple of months ...."
...sería interesante ver una uva mutar rápidamente en calamar, ¿no creen?
the daily squid
miren lo que encontré (qué estaría buscando)... un periódico de la desinformación (eso sí, en la lingua franca del imperio)
EL DIARIO CALAMAR
espero que haga sus delicias
EL DIARIO CALAMAR
espero que haga sus delicias
martes, enero 06, 2004
reyes magos
los sabios y generosos reyes de oriente me han traído:
b) un compañero infatigable de aventuras de aquí en adelante
(os lo merecéis)
a) una bolsa de carbón (me la merezco)
b) un compañero infatigable de aventuras de aquí en adelante
(os lo merecéis)
a) una bolsa de carbón (me la merezco)
aaaaaaaaarg!
mañana, mañana, mañana, mañana, mañana, mañana, mañana, mañana,mañana, mañana, mañana, mañana,mañana, mañana, mañana, mañana,mañana, mañana, mañana, mañana,mañana, mañana, mañana, mañana,mañana, mañana, mañana, mañana, mañana,mañana, mañana, mañana, mañana,mañana, mañana, mañana, mañana,mañana, mañana, mañana, mañana,mañana, mañana, mañana, mañana,mañana, mañana, mañana, mañana,mañana, mañana, mañana, mañana,mañana, mañana, mañana, mañana,mañana, mañana, mañana, mañana...
mañana empieza la facultad.
que el aterrizaje os sea leve.
mañana empieza la facultad.
que el aterrizaje os sea leve.
se que a nadie le importa, pero...
ha muerto mi canario. se llamaba manolito. ahora está en el congelador, a la espera de que podamos enterrarlo como se merece en el camposanto de Jabalcuz (bello cerro jiennense).
tenía 15 años. ha sobrevivido en 2 a mi abuelo, que me lo regaló.
ya apenas cantaba. ahora estará en el cielo de los canarios. espero que sea feliz.
acuérdense de él en sus oraciones de la noche.
tenía 15 años. ha sobrevivido en 2 a mi abuelo, que me lo regaló.
ya apenas cantaba. ahora estará en el cielo de los canarios. espero que sea feliz.
acuérdense de él en sus oraciones de la noche.
misterios alimenticios
otra revelación de estas navidades. les invito a hacer la prueba. cojan una caja de cereales de esos de desayuno (fruto de las invasiones bárbaras). Miren los contenidos nutricios de todo eso tan necesario para la vida, y a continuación el porcentaje de la CDR (cantidad diaria recomendada). Basándonos en una mínima muestra de los últimos días (con algunas marcas de prestigio, y otras genéricas, unas azucaradas y otras no, unas de trigo y otras de maíz...) llegamos a la conclusión de que TODAS aportan un 42% de la CDR de loquesea. Grandes Enigmas de la Humanidad, esperando a ser desvelados.
Nuestra hipótesis preferida fue que la caja de cereales arquetípica es la unidad patrón para medir lo diariamente recomendable (aunque adivinamos que también se puede jugar con estas cifras)
Nuestra hipótesis preferida fue que la caja de cereales arquetípica es la unidad patrón para medir lo diariamente recomendable (aunque adivinamos que también se puede jugar con estas cifras)
cinta andante
no les ha pasado alguna vez tener la sensación, en coche, en tren o andando, aunque esto último es más difícil, debe ser por la velocidad, uh, que... bueno... esto... si, qué diablo... que se convencen (y creo que convencerse es la palabra exacta, hay algo de autoengañamiento en todo el proceso, pero afortunada o desafortunadamente hay un punto en que lo olvidas y sólo sufres los efectos), se convencen, decía, de que el paisaje avanza en una cinta continua a distintas velocidades, que uno permanece en el mismo sitio... Y sí, ya sé que es muy fácil experimentarlo sobre un vehículo, efectos ópticos etc. Nononono, yo hablo de otra cosa.
Por ejemplo, cuando sucede a pie. Y de noche. El cielo da vértigo (es asombroso), y uno se siente en lo alto de una esfera que gira libremente bajo los pies. El asfalto es una cinta andadora, y se desplaza hacia atrás con el impulso de las zapatillas. El sistema de referencia está con nosotros, el mundo va quedando atrás, girando ahí abajo. Matemáticamente es posible, sólo nos hacen creer que somos nosotros los que nos desplazamos para simplificar los cálculos. Pero es increíble llegar a tocar el arco infinitésimo de la curvatura terrestre, y sentir el planeta girando como la bola de un mouse...
Por ejemplo, cuando sucede a pie. Y de noche. El cielo da vértigo (es asombroso), y uno se siente en lo alto de una esfera que gira libremente bajo los pies. El asfalto es una cinta andadora, y se desplaza hacia atrás con el impulso de las zapatillas. El sistema de referencia está con nosotros, el mundo va quedando atrás, girando ahí abajo. Matemáticamente es posible, sólo nos hacen creer que somos nosotros los que nos desplazamos para simplificar los cálculos. Pero es increíble llegar a tocar el arco infinitésimo de la curvatura terrestre, y sentir el planeta girando como la bola de un mouse...
constante de solubilidad del buenrrollito
el otro día llegamos a la conclusión de que el buen rollo es soluble en el aire a temperatura ambiente. Bah, si prefieren denominarlo de una forma menos cursi, el clima humano se moldea mediante una ecuación no lineal en base a los componentes motivacionales y anímicos de sus componentes individuales, no siendo una simple sumación de vectores. La geometría humana es compleja y extravagante, llena de tentáculos que giran y se anudan por todas partes. Hay gentes que cohíben, y gentes-catalizadores. Hay fuentes y sumideros, pastores y dispersos, místicos y destroyers... En fin, no digo nada que ustedes no sepan, para variar. Pero creo que no tardaremos mucho en determinar la constante de solubilidad. Hay buenos rollos que se disuelven mucho antes que otros en la habitación o círculo andante (si lo ven oscuro, la analogía perfecta es el vaso de nesquik frente al del colacao... por cierto... viene a ser el mismo antagonismo que entre pepsi y cocacola... habría que observar el ángulo máximo de los montones de neskuik, estudiar la energía de agregación de los grumos... pero creo que en realidad el factor determinante es la energía de la cucharilla).
hai reservada excomunion
declaro persona non-grata a la bruja maruja en base al siguiente testimonio:
Por la noche le puse voz, sonrisa y movimiento a una persona que conozco hace casi cuatro años. La talla 110 de la que va alardeando, real como la vida misma. Entre calamar y calamar, cháchara y cháchara y alguna que otra llamada de algún que otro envidioso. El arenero sigue teniendo una voz de radio, incluso en un móvil sin casi cobertura. ¿Era la primera vez que hablabamos tú y yo por teléfono? Hasta es posible que sí. Pusimos a todo el mundo a parir, claro, que esa era nuestra obligación. A las doce y media nos echaron del bar, debido a las risas escandalosas.
No le basta sólo con ser bruja, sino que además come calamares. Seguirá siendo declarada indeseable mientras no demuestre que los ingería mediante fines ceremoniales paganos, a fin de obtener el mana de los desdichados cefalópodos y ascender por sendas oscuras de ceremonias esotéricas. Aunque bien pensado podíamos negociar declarar grato el aquelarre si el gran tentáculo puede fusionarse en el ritual.
Por la noche le puse voz, sonrisa y movimiento a una persona que conozco hace casi cuatro años. La talla 110 de la que va alardeando, real como la vida misma. Entre calamar y calamar, cháchara y cháchara y alguna que otra llamada de algún que otro envidioso. El arenero sigue teniendo una voz de radio, incluso en un móvil sin casi cobertura. ¿Era la primera vez que hablabamos tú y yo por teléfono? Hasta es posible que sí. Pusimos a todo el mundo a parir, claro, que esa era nuestra obligación. A las doce y media nos echaron del bar, debido a las risas escandalosas.
No le basta sólo con ser bruja, sino que además come calamares. Seguirá siendo declarada indeseable mientras no demuestre que los ingería mediante fines ceremoniales paganos, a fin de obtener el mana de los desdichados cefalópodos y ascender por sendas oscuras de ceremonias esotéricas. Aunque bien pensado podíamos negociar declarar grato el aquelarre si el gran tentáculo puede fusionarse en el ritual.
ARGENTINA: Control del mar para proteger al calamar
El anuncio responde a que existe una verdadera ciudad flotante pescando calamar en las cercanías del límite de jurisdicción argentina, según dijo el secretario de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación, Antonio Berongaray, tras sobrevolar la zona.
El director de Pesca, Horacio Rieznik, comentó que los pesqueros ubicados en la milla 201 (372,5 kilómetros) atraen a los calamares "como si fueran mosquitos".
Buques de Corea del Sur, Japón y Taiwán y algunos españoles pescan en el borde del límite permitido, en una zona del sur del océano Atlántico que concentra 80 por ciento de los calamares que se pueden capturar en el mundo. (resto del artículo)
Mmm... algo me dice que ya ha empezado la cruzada contra el calamar. ¿No van a dejarle responder? Estén atentos, comiencen a preocuparse si empiezan a ver calamares por todas partes... Puede que haya llegado el momento de que abandone su silencio milenario...
(y lo que más me mosquea: ¿qué hacen buques españoles ahí? ¿No le basta a mr. ansar con lamer el culo de bush, que ahora se apunta a cuanto se le cruza en la partida?... maldito monopoli, que nos hace pensar que es sólo un juego...)
(y a todo esto sin saber que el gran calamar nos vigila)
El director de Pesca, Horacio Rieznik, comentó que los pesqueros ubicados en la milla 201 (372,5 kilómetros) atraen a los calamares "como si fueran mosquitos".
Buques de Corea del Sur, Japón y Taiwán y algunos españoles pescan en el borde del límite permitido, en una zona del sur del océano Atlántico que concentra 80 por ciento de los calamares que se pueden capturar en el mundo. (resto del artículo)
Mmm... algo me dice que ya ha empezado la cruzada contra el calamar. ¿No van a dejarle responder? Estén atentos, comiencen a preocuparse si empiezan a ver calamares por todas partes... Puede que haya llegado el momento de que abandone su silencio milenario...
(y lo que más me mosquea: ¿qué hacen buques españoles ahí? ¿No le basta a mr. ansar con lamer el culo de bush, que ahora se apunta a cuanto se le cruza en la partida?... maldito monopoli, que nos hace pensar que es sólo un juego...)
(y a todo esto sin saber que el gran calamar nos vigila)
lunes, enero 05, 2004
fronteras psicológicas
Paseando esta mañana desde la macarena hacia el centro, me di cuenta de una cosa. O de varias. a) Lo bonita que es aquella parte de la ciudad (o eso, o el sol que hacía, o sólo sucede días especiales, o como dice el proverbio indio lo que cambia es parte de mí). Como fuere. Que aquella zona a aquella hora era muy agradable. Había vida. Carteles en las paredes. Reitero lo que dije de la alameda, gente plácidamente sentada en las terracitas, mañana de domingo. Y bueno. Llegué al duque y comencé a estresarme. Bullicio increíble. Terminé en un bar (había quedado con gente), y me di cuenta de b) entre la alameda y el duque hay una frontera psicológica. Para mucha gente (respetable, añado) el centro termina en la campana (con sus burguer king y demás), o en la gavidia si me apuras. La alameda es otro territorio. Olvidando lo que suceda de noche, durante el día (y especialmente los domingos, y supongo que especialmente en estas fechas), hay una cierta diferenciación de tribus. Podría decirse que hippies y macarras en la alameda y pijos en el centro, pero no sé, no me parece algo tan simplón. Las tribus necesitan un territorio del que excluirse mutuamente. En el bar en el que entré me miraron raro, pensé que mi sitio era la alameda (por las pintas, el despeine, las gafas amarillas y la mochila). Pero luego pensé que en el otro lado también miraríamos raro a un sevillanito con gomina y traje. Somos como perros, pensé.
domingo, enero 04, 2004
A través del armario (II)
Comenzó a sonar el réquiem de mozart. Realizamos el ritual para descender al mundo de morpheo. Una ligera sensación en la boca del estómago indicaba lo que ya conocíamos, aunque habíamos olvidado, desde la última vez que visitamos la República de la Verdad. La chimenea comenzó a cobrar vida: tenía dos ojos y una boca que escupía fuego. También apareció un dragón entre las manchas de hollín. El techo fue desapareciendo paulatinamente: podía ver un cielo de un azul extraño, y las nubes pasar a gran velocidad. La pared se ondulaba, y comencé a descifrar unas letras cambiantes en alguna lengua muerta.
Al mirar por la ventana, en vez de árboles (todavía sabía que eran árboles, que se llamaban así) vi dos gigantes verdes de hojas, con sendas coronas grotescas, danzando con el viento y cantando el dies irae. Estuve así hasta que decidimos explorar la casa. Llegaron gritos desde una de las habitaciones: uno estaba profiriendo carcajadas provocadas por la pulsación desenfrenada de los interruptores de la luz. El efecto era sensacional: luz- oscuridad. Luz-oscuridad. Comenzábamos a descubrir lo que sería la clave. El personaje (estoy seguro de que en otra vida habitó en las minas de moria) se revolcaba por el suelo, con los ojos a punto de saltarle de las órbitas. Olía intensamente a alcohol: descubrimos que se había partido una botella de vodka de la noche anterior. Al cabo de un rato de deambular como moléculas de un gas que rebotan elásticamente con las paredes (y lo que es mejor, de comprender, de experimentar la dualidad onda-corpúsculo, de ser conscientes de que somos ondas y que la realidad no es tan real, que no somos sólidos ni somos lo que vemos), nos tropezamos al mismo individuo entrando sin camiseta en un armario empotrado.
La habitación volvió a transformarse, esta vez en una habitación en blanco y negro. éramos una mujer y yo en los años cincuenta o sesenta. Me sentí el personaje de una novela, la habitación no era de este tiempo. Del armario salió un neanderthal semidesnudo, y le dimos la bienvenida a los tiempos futuros, al progreso y a la felicidad.
Luego uno a uno fuimos entrando en el armario. Me salió una percha entre los hombros y me convertí en traje. Le pregunté a ella si tenía traje también, o máscara. Llegamos luego a la conclusión de que efectivamente es muy difícil llegar a las capas más íntimas de la cebolla mental (y si es o no lícito entrar sin permiso es otra cuestión que podemos discutir otro día). La cosa es que entramos cinco personas en el armario y nos quedamos completamente a oscuras. El armario no resultaba pequeño, ni agobiante. El armario ya no era más un armario, era una puerta dimensional. Parecía una catedral, un túnel. Allí había mucha gente. Al cabo de un rato uno no sabía si tenía los ojos abiertos o cerrados, pues no se distinguía un estado de otro. Las voces llegaban desde un sitio diferente al que nos indicaban nuestras manos. Éramos felices en el armario. Ella y yo nos besamos, y fue extraño pero delicioso. Las sensaciones se multiplicaban. Comenzamos a pronunciar el sonido sagrado, y la vibración aumentaba las revoluciones vertiginosas del caleidoscopio. Entrábamos en resonancia. Vi seres inmateriales, llenos de tentáculos que me acariciaban la cara. Vi a cada una de las personas que allí estaba desdoblarse en otras que ocupaban su lugar, crecían y decrecían. La oscuridad nos bañaba como un líquido nutricio: ese parecía ser nuestro estado fundamental.
Después de un breve período refractario, tres de nosotros partimos a la aventura. Abandonamos la casa y todas sus comodidades, y nos internamos por un camino bañado de luna. Éramos el hombre de paja, dorothy y el hombre de ojalata. Saltamos una valla, en nuestra huida del mundo civilizado, y entramos en un olivar con una pendiente pronunciada. La ascendimos convencidos de que andábamos por un plano, y que en esa región la gravedad tira hacia atrás. El hombre de paja insistía en que teníamos que encontrar oz, pero que la ciudad emitía una fuerza que nos impedía avanzar (todos éramos pastores, y ovejas). La ciudad al fondo parecía un belén pequeñito (malditos constructores, que levantaban casas inclinadas)... Al cabo de un rato el frío nos pudo, y regresamos. Los demás segúian en el armario, los rescatamos de allí (las paredes ahora resultaban opresivas), y emprendimos viaje hacia el bosque tenebroso. Comencé a sentirme verdaderamente agobiado: pude ver el paso del tiempo, cómo el asfalto rodeó el bosque, y cómo con el asfalto comenzaron a surgir cercas como de la nada. No podíamos salir de allí, el bosque no era tal bosque sino una isla rodeada de coches. No de coches: de monstruos tenebrosos. Toqué un billete: era un papel embriagador. Me dio miedo. Me dieron miedo los móviles, la luz mágica que alumbra el suelo con un tono fosforescente. Vimos el borde del asfalto, vimos la ciudad como unos primitivos trasladados en el tiempo. Sentí vértigo al mirar al cielo, pero por encima de todo sentí una pena profundísima. Había que regresar a casa. Al fin y al cabo, estábamos condenados a regresar de aquel estado, a dejarnos acariciar por la calefacción y las veleidades del ordenador portátil. Nos gusta asumir lo que nos horroriza, disfrutar de ello. Acatamos las parcelaciones, los cubículos alienantes. Somos parte de ellos.
Al mirar por la ventana, en vez de árboles (todavía sabía que eran árboles, que se llamaban así) vi dos gigantes verdes de hojas, con sendas coronas grotescas, danzando con el viento y cantando el dies irae. Estuve así hasta que decidimos explorar la casa. Llegaron gritos desde una de las habitaciones: uno estaba profiriendo carcajadas provocadas por la pulsación desenfrenada de los interruptores de la luz. El efecto era sensacional: luz- oscuridad. Luz-oscuridad. Comenzábamos a descubrir lo que sería la clave. El personaje (estoy seguro de que en otra vida habitó en las minas de moria) se revolcaba por el suelo, con los ojos a punto de saltarle de las órbitas. Olía intensamente a alcohol: descubrimos que se había partido una botella de vodka de la noche anterior. Al cabo de un rato de deambular como moléculas de un gas que rebotan elásticamente con las paredes (y lo que es mejor, de comprender, de experimentar la dualidad onda-corpúsculo, de ser conscientes de que somos ondas y que la realidad no es tan real, que no somos sólidos ni somos lo que vemos), nos tropezamos al mismo individuo entrando sin camiseta en un armario empotrado.
La habitación volvió a transformarse, esta vez en una habitación en blanco y negro. éramos una mujer y yo en los años cincuenta o sesenta. Me sentí el personaje de una novela, la habitación no era de este tiempo. Del armario salió un neanderthal semidesnudo, y le dimos la bienvenida a los tiempos futuros, al progreso y a la felicidad.
Luego uno a uno fuimos entrando en el armario. Me salió una percha entre los hombros y me convertí en traje. Le pregunté a ella si tenía traje también, o máscara. Llegamos luego a la conclusión de que efectivamente es muy difícil llegar a las capas más íntimas de la cebolla mental (y si es o no lícito entrar sin permiso es otra cuestión que podemos discutir otro día). La cosa es que entramos cinco personas en el armario y nos quedamos completamente a oscuras. El armario no resultaba pequeño, ni agobiante. El armario ya no era más un armario, era una puerta dimensional. Parecía una catedral, un túnel. Allí había mucha gente. Al cabo de un rato uno no sabía si tenía los ojos abiertos o cerrados, pues no se distinguía un estado de otro. Las voces llegaban desde un sitio diferente al que nos indicaban nuestras manos. Éramos felices en el armario. Ella y yo nos besamos, y fue extraño pero delicioso. Las sensaciones se multiplicaban. Comenzamos a pronunciar el sonido sagrado, y la vibración aumentaba las revoluciones vertiginosas del caleidoscopio. Entrábamos en resonancia. Vi seres inmateriales, llenos de tentáculos que me acariciaban la cara. Vi a cada una de las personas que allí estaba desdoblarse en otras que ocupaban su lugar, crecían y decrecían. La oscuridad nos bañaba como un líquido nutricio: ese parecía ser nuestro estado fundamental.
Después de un breve período refractario, tres de nosotros partimos a la aventura. Abandonamos la casa y todas sus comodidades, y nos internamos por un camino bañado de luna. Éramos el hombre de paja, dorothy y el hombre de ojalata. Saltamos una valla, en nuestra huida del mundo civilizado, y entramos en un olivar con una pendiente pronunciada. La ascendimos convencidos de que andábamos por un plano, y que en esa región la gravedad tira hacia atrás. El hombre de paja insistía en que teníamos que encontrar oz, pero que la ciudad emitía una fuerza que nos impedía avanzar (todos éramos pastores, y ovejas). La ciudad al fondo parecía un belén pequeñito (malditos constructores, que levantaban casas inclinadas)... Al cabo de un rato el frío nos pudo, y regresamos. Los demás segúian en el armario, los rescatamos de allí (las paredes ahora resultaban opresivas), y emprendimos viaje hacia el bosque tenebroso. Comencé a sentirme verdaderamente agobiado: pude ver el paso del tiempo, cómo el asfalto rodeó el bosque, y cómo con el asfalto comenzaron a surgir cercas como de la nada. No podíamos salir de allí, el bosque no era tal bosque sino una isla rodeada de coches. No de coches: de monstruos tenebrosos. Toqué un billete: era un papel embriagador. Me dio miedo. Me dieron miedo los móviles, la luz mágica que alumbra el suelo con un tono fosforescente. Vimos el borde del asfalto, vimos la ciudad como unos primitivos trasladados en el tiempo. Sentí vértigo al mirar al cielo, pero por encima de todo sentí una pena profundísima. Había que regresar a casa. Al fin y al cabo, estábamos condenados a regresar de aquel estado, a dejarnos acariciar por la calefacción y las veleidades del ordenador portátil. Nos gusta asumir lo que nos horroriza, disfrutar de ello. Acatamos las parcelaciones, los cubículos alienantes. Somos parte de ellos.
a través del armario (I)
Intentaré explicarlo con las únicas palabras que tengo. Nos habíamos reunido en una casa en la montaña, huyendo de la gran ciudad, haciendo esas cosas que se suelen hacer para festejar ciertos días señalados. La fiesta pagana del invierno rondándonos a todos como un fantasma de carritos de supermercado desbocados.
El fin de año lo pasamos pegados a la televisión, digiriendo vómitos de zapping. Y luego los indígenas plagaron el cielo de estallidos de pólvora. Alguien comentó en aquella plaza escarchada que la guerra debe ser algo horrible. Y siguió un cúmulo de frases, vaso en mano, sobre las delicias de la vida de soldado. Afortunadamente aquel día pasó, y vino otro. Antes del amanecer, los gallos locos con la entrada del año, conseguimos encontrar nuestro camino, pasado el mesón del moro y el bosque tenebroso. Ya no volvimos a salir de la casa. Al día siguiente vino el resto de la gente, y un extraño estado comenzó a adueñarse de nosotros. Apenas hablábamos, pasamos toda la tarde alimentando la chimenea y dejando pasar el tiempo. Aquello era como un programa de televisión: big brother edición yonki. El primero que entró en la habitación comenzó a reirse, y se llevó así varios minutos. Los demás respirábamos intranquilos.
Cuando me llegó el turno, me recliné sobre la cama y cerré los ojos. El cuerpo comenzó a cosquillearme siguiendo varias líneas. Todo comenzó a nublarse, a escapar hacia arriba. La gente esperaba fuera porque prefería intimidad. Me miré a los pies. Miré a los lados. Conocía esa sensación, el mundo comienza a curvarse. Estaba entrando. Me quedé mirando la puerta que tenía en la pared de enfrente. Fuera pared, ya no más pared. No más palabras. Caía hacia ella. No habia nada detrás de mí, salvo el vacío. Mi lado izquierdo desapareció, sólo sería cuestión de tiempo hasta que desapareciese el resto del cuerpo. Me convertí en un punto inmaterial. No podía moverme. La gente se asomó por una ventana, a lo lejos. Las esquinas se volvieron blandas. Creo que entonces intenté levantarme de la cama y apoyarme en la pared. El espacio era un engaño. Los de arriba me miraron asustados, sólo ella me entendía. Pensaban que me había vuelto loco. Pero yo sabía que estaba encerrado en ese grabado de escher. Estuve un rato cambiando entre un plano y otro. Aprendí a moverme en aquellas dimensiones extrañas. Trepé por el suelo hacia la trampilla (antes conocida como puerta). Caí al fondo, encerrado debajo de la cama. Salté sobre ella y toqué el techo. Luego comencé a hablar hacia los rincones. Todo aparecía como un plató extravagante, una trampa para confundirme. Una vez recuperado el control de mi cuerpo, después de algunas torsiones extrañas, decidí probar otras exploraciones. Sobrevolé los valles y picos de un edredón blanco que se pegaba a mis manos. Me encerré en una cueva. Finalmente decidí salir de allí, era intenso el pánico a quedarme encerrado en aquel pliegue del espaciotiempo. Me conduje hacia la chimenea y me fundí en uno con la mecedora. Mis piernas se hicieron curvas suaves de madera, y entré en un sueño tranquilo. Llegaban las voces de los demás desde la habitación, el siguiente estaba en trance, completamente inmóvil. El último quedó encerrado dentro de un saco. Me invadía una inmensa sensación de bienestar. Los recuerdos de hace unos minutos me llegaban a jirones. Estaba irremediablemente fuera de aquel mundo, pero lo observaba todo con la mirada extrañada del que ha salido de éste.
El fin de año lo pasamos pegados a la televisión, digiriendo vómitos de zapping. Y luego los indígenas plagaron el cielo de estallidos de pólvora. Alguien comentó en aquella plaza escarchada que la guerra debe ser algo horrible. Y siguió un cúmulo de frases, vaso en mano, sobre las delicias de la vida de soldado. Afortunadamente aquel día pasó, y vino otro. Antes del amanecer, los gallos locos con la entrada del año, conseguimos encontrar nuestro camino, pasado el mesón del moro y el bosque tenebroso. Ya no volvimos a salir de la casa. Al día siguiente vino el resto de la gente, y un extraño estado comenzó a adueñarse de nosotros. Apenas hablábamos, pasamos toda la tarde alimentando la chimenea y dejando pasar el tiempo. Aquello era como un programa de televisión: big brother edición yonki. El primero que entró en la habitación comenzó a reirse, y se llevó así varios minutos. Los demás respirábamos intranquilos.
Cuando me llegó el turno, me recliné sobre la cama y cerré los ojos. El cuerpo comenzó a cosquillearme siguiendo varias líneas. Todo comenzó a nublarse, a escapar hacia arriba. La gente esperaba fuera porque prefería intimidad. Me miré a los pies. Miré a los lados. Conocía esa sensación, el mundo comienza a curvarse. Estaba entrando. Me quedé mirando la puerta que tenía en la pared de enfrente. Fuera pared, ya no más pared. No más palabras. Caía hacia ella. No habia nada detrás de mí, salvo el vacío. Mi lado izquierdo desapareció, sólo sería cuestión de tiempo hasta que desapareciese el resto del cuerpo. Me convertí en un punto inmaterial. No podía moverme. La gente se asomó por una ventana, a lo lejos. Las esquinas se volvieron blandas. Creo que entonces intenté levantarme de la cama y apoyarme en la pared. El espacio era un engaño. Los de arriba me miraron asustados, sólo ella me entendía. Pensaban que me había vuelto loco. Pero yo sabía que estaba encerrado en ese grabado de escher. Estuve un rato cambiando entre un plano y otro. Aprendí a moverme en aquellas dimensiones extrañas. Trepé por el suelo hacia la trampilla (antes conocida como puerta). Caí al fondo, encerrado debajo de la cama. Salté sobre ella y toqué el techo. Luego comencé a hablar hacia los rincones. Todo aparecía como un plató extravagante, una trampa para confundirme. Una vez recuperado el control de mi cuerpo, después de algunas torsiones extrañas, decidí probar otras exploraciones. Sobrevolé los valles y picos de un edredón blanco que se pegaba a mis manos. Me encerré en una cueva. Finalmente decidí salir de allí, era intenso el pánico a quedarme encerrado en aquel pliegue del espaciotiempo. Me conduje hacia la chimenea y me fundí en uno con la mecedora. Mis piernas se hicieron curvas suaves de madera, y entré en un sueño tranquilo. Llegaban las voces de los demás desde la habitación, el siguiente estaba en trance, completamente inmóvil. El último quedó encerrado dentro de un saco. Me invadía una inmensa sensación de bienestar. Los recuerdos de hace unos minutos me llegaban a jirones. Estaba irremediablemente fuera de aquel mundo, pero lo observaba todo con la mirada extrañada del que ha salido de éste.
Cadáver exquisito en el tren de cazalla
Como casi siempre que caía la noche, ahí estaban ellos, inmersos en su burbuja cotidiana, dejándose arrastrar por los flujos invisibles que, como una capa de polvo atemporal, los encerraba en su propia coraza. De seguir así nunca saldrían de aquel agujero, de no ser por la aparición de la Virgen del Rocío. Nuestros protagonistas, educados desde pequeñitos en colegios religiosos, habían desarrollado un miedo especialmente fuerte hacia esta deidad. Así que decidieron unánimemente cavar un túnel para encontrar una salida alternativa (con b). Contra todo pronóstico se encontraron con un campo de llaves. Llaves de todos los tipos y tamaños. Surgían del suelo como vegetación en un extraño mundo. Al final podíamos apreciar una puerta. Estábamos convencidos de que nos devolvería a casa, pero antes había que encontrar la llave adecuada. De pronto vimos un pequeño calamar mutado, con pies que le permitía pisar tierra firme y capacidad de hablar. Al principio nos asustamos, pero dijo que nos ayudaría. Ahora pienso que tal vez fuimos nosotros los que no entendimos el verdadero significado de "ayudar". En un principio pensamos que si nos ayudase, nos ayudaría a conseguir lo que nosotros queríamos. El único inconveniente es que tal vez nadie supiese lo que realmente quería. Puede incluso que nunca hubiésemos aprendido a querer algo, no meramente a codiciarlo. Nos ayudó pues, pero sólo impidiéndonos conseguir lo que parecía ser nuestro propósito (*)inicial. Pero como las apariencias engañan, quedó a la vista el real y único propósito: ver si la luna está hecha de queso (duda existencial largamente comentada entre nuestros héroes y heroínas). El paso lógico era la construcción de un cohete de propulsión que les permitiese llevar a cabo tan audaz plan. Al diseño de los planos siguió la recogida de latón en cantidades ingentes. Todo parecía absurdo y sin embargo, lo entendíamos a la perfección, y estábamos realmente agusto. Estonces, pensamos, esto van a ser las setas, y continuamos nuestro viaje por el maravilloso mundo de Oz.
(*=purpose, en inglés en el original)
(*=purpose, en inglés en el original)
antropoqué?
Creo que fue el día 31, sí, el último día del año. Era un día extraño, una especie de miércolesdomingo. Descubrí que Sevilla no es tan horrible, es muy agradable pasear por la mañana bajo un sol frío de invierno. De hecho me quedé al borde del éxtasis cuando descubrí la alameda transustanciada: había sol, y mesas donde tomar cerveza. Lo bueno de ocupar las casas de colegas que empiezan a vivir solos por el centro (no puedo evitarlo, cosas como esta me hacen darme cuenta de que estoy haciéndome viejo, de hecho su piso con sofás recogidos en la calle me recuerda a las fotos de la casa donde nací, en el polígono del valle de aquellos entonces... dios, mis padres también fueron jóvenes una vez...)
La cosa es que me monté en el autobús (con tanta cerveza me quedaba sólo una hora para pasar por casa, comer, ducharme y hacer la mochila para irme a la sierra). Un hombre mayor, trajeado y con mocasines claritos se sentó a mi lado. Tenía pinta de haberse cultivado, una cara sugiriendo cierta sabiduría, supongo que la que se nos debe conceder con la edad. Estaba yo hojeando un libro de antropología cultural (con mis pintas: sombrero negro y gafas amarillas, háganse una idea) que había sustraído de casa de mis amigos, cuando el hombre me habla. Fue algo más o menos así:
-¿De qué va la antropología? -sólo llegué a oir el ía.
-¿CÃómo? -pregunto al darme cuenta de que que me hablaban. Repite su pregunta.
-Que de qué trata la antropología.
-Pues... del hombre, no? -contesto, al no cuadrarme la pregunta con la imagen del señor.
-No lo sé, por eso preguntaba.
-Pues sí, creo que estudia al hombre -silencio.
-Y... ¿qué cuenta del hombre? -preguntó el hombre de la voz amable, sonriendo.- ¿algo interesante?
-Mmm... pues (y le conté que me acababa de asomar a la disciplina, que lo mío era otra cosa, pero que estaba interesante comparar culturas y verse desde fuera sin demasiados prejuicios. El hombre escuchaba atento, pero con una sonrisa que me inquietaba)
-... y... de donde viene la raíz "antropo"?
-...del griego, creo -respondí, cada vez más mosqueado. Al final llegamos a la conclusión de que era eso, griego, y logía algo asi como ciencia.
Ahí quedó todo. Cuando llegó mi parada me despedí de él. Pero no pude quitarme la sensación de que no preguntaba porque no lo supiera. Me pongo en su lugar e imagino las futuras generaciones juveniles, que nacerán con los dedos preadaptados al mando de la playstation o al teclado de su ordenador integrado en el traje de primera comunión. Me sorprendería tanto verlos con un libro de antropología, que seguro que les preguntaría para estar seguro de si saben leer o entender algo. Me costaría creerme que supieran expresarse y valorar algo que por entonces sólo serán curiosidades de museo.
La cosa es que me monté en el autobús (con tanta cerveza me quedaba sólo una hora para pasar por casa, comer, ducharme y hacer la mochila para irme a la sierra). Un hombre mayor, trajeado y con mocasines claritos se sentó a mi lado. Tenía pinta de haberse cultivado, una cara sugiriendo cierta sabiduría, supongo que la que se nos debe conceder con la edad. Estaba yo hojeando un libro de antropología cultural (con mis pintas: sombrero negro y gafas amarillas, háganse una idea) que había sustraído de casa de mis amigos, cuando el hombre me habla. Fue algo más o menos así:
-¿De qué va la antropología? -sólo llegué a oir el ía.
-¿CÃómo? -pregunto al darme cuenta de que que me hablaban. Repite su pregunta.
-Que de qué trata la antropología.
-Pues... del hombre, no? -contesto, al no cuadrarme la pregunta con la imagen del señor.
-No lo sé, por eso preguntaba.
-Pues sí, creo que estudia al hombre -silencio.
-Y... ¿qué cuenta del hombre? -preguntó el hombre de la voz amable, sonriendo.- ¿algo interesante?
-Mmm... pues (y le conté que me acababa de asomar a la disciplina, que lo mío era otra cosa, pero que estaba interesante comparar culturas y verse desde fuera sin demasiados prejuicios. El hombre escuchaba atento, pero con una sonrisa que me inquietaba)
-... y... de donde viene la raíz "antropo"?
-...del griego, creo -respondí, cada vez más mosqueado. Al final llegamos a la conclusión de que era eso, griego, y logía algo asi como ciencia.
Ahí quedó todo. Cuando llegó mi parada me despedí de él. Pero no pude quitarme la sensación de que no preguntaba porque no lo supiera. Me pongo en su lugar e imagino las futuras generaciones juveniles, que nacerán con los dedos preadaptados al mando de la playstation o al teclado de su ordenador integrado en el traje de primera comunión. Me sorprendería tanto verlos con un libro de antropología, que seguro que les preguntaría para estar seguro de si saben leer o entender algo. Me costaría creerme que supieran expresarse y valorar algo que por entonces sólo serán curiosidades de museo.